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Editorial: Conservación ambiental en femenino

La ciencia y sus interconexiones


Por Claudia Luna Fuentes


Quiero abordar el trabajo de estudio y conservación sobre un tema que me interesa: el agua, con el tamiz de la poética de lo femenino y en la consideración de que el agua, a lo largo de la historia de las interpretaciones poéticas, míticas, religiosas o ritualísticas, ha sido considerada una entidad generalmente femenina. Entonces, hablaré de lo femenino estudiado y resguardado por lo también, femenino.

Mujer enseñando geometría

A través del tiempo, las mujeres han sumado su trabajo a la conservación ambiental. Y en este momento, desde la poética del mundo, puedo decir que las ciencias duras, las ciencias blandas, el activismo y los rituales forman parte de esta tarea en una mezcla que danza constantemente. No siempre se reconocen estas interconexiones y tampoco a todos sus personajes. También cada campo puede actuar con una idea de exclusión o aislamiento.


Así, la conservación avanza con actos que permiten la reflexión de quienes observan y reciben, sean lectores o empresarios aquellos que digieren la divulgación del hecho, u otros investigadores quienes lo contemplan. Y ¿quién se entrega? ¿qué cuerpos trabajan?


Un ser vivo se entrega a la conservación con toda su biología y con todo su constructo cultural, esto hacen los hombres y esto también por supuesto, las mujeres, sobre quienes hablaré en este caso, con un minúsculo recorte, ante una inmensa diversidad de nombres en diversos campos del saber científico.


Quiero abordar el trabajo de estudio y conservación sobre un tema que me interesa: el agua, con el tamiz de la poética de lo femenino y en la consideración de que el agua, a lo largo de la historia de las interpretaciones poéticas, míticas, religiosas o ritualísticas, ha sido considerada una entidad generalmente femenina. Entonces, hablaré de lo femenino estudiado y resguardado por lo también, femenino.

Marcia Barbosa, física brasileña. Ceremonia de entrega del premio "Women and Science" en París, 2013.

En la época contemporánea, tenemos por ejemplo el trabajo de la física brasileña Marcia Barbosa sobre las moléculas del agua, que, volviendo a la metáfora de la danza, entre mayores cantidades de agua haya en un sitio, las moléculas se mueven más rápido —no más lento como podría inferirse—, entonces las moléculas ante una mayor compresión, actúan respondiendo individualmente, como si fueran entidades que decidieran, y considerando las mediciones a escala nanométrica. Para la investigadora cada molécula podría ser lo que llamamos “distinta”. Para ella el agua es rara y por decir lo menos, semejante a una mujer caprichosa, y que si no fuera así, y no escapara por esta manera peculiar de ser, a las leyes de la hidrodinámica, probablemente no existiría la vida.

La Astrónoma mexicana Julieta Fierro imágen original en: https://www.flickr.com/photos/campuspartymexico/5964181609/

En México, entre el cúmulo de mujeres dedicadas a la ciencia como la multipremiada astrónoma Julieta Fierro, quien ha subido a la palestra del poder legislativo con mensajes políticos, o hace divulgación divertida por redes; tenemos a Valeria Souza, bióloga evolutiva y ecóloga microbiana, quien se ha convertido en una activista que polariza opiniones y en una interlocutora del arte en beneficio de la conservación. Para ella, no es solo el universo microscópico medido en miles de millones de años en el planeta Tierra, lo que la movió a la investigación de los tapetes microbianos que sobreviven en las pozas de agua de Cuatro Ciénegas; fue el arrobo por el “espíritu de la montaña y su belleza”.


Ese “espíritu de la montaña” estaría constituido por el tiempo de contemplación de la naturaleza y el disfrute de un espacio que sustituye al laboratorio de cuatro paredes y aislado, por el paisaje con la belleza y los elementos adicionales de valor que puede leer una mujer de ciencia.


Valeria busca conservar estas formas de vida más allá del valor per se, no solo como evidencia microendémica que debe ser cuidada en el sentido científico, sino también como materia de gran belleza por la que es necesario establecer una lucha. Esto desde una fuerza, diríase animal o biológica, a lo que ella ha llamado “furia maternal” que incluye: “enseñarles a mis hijos que por el futuro se lucha”. Y añade: “sin duda la belleza te sensibiliza y el dolor de esa belleza por desaparecer, más.”

Valeria Souza Saldivar, Ecóloga molecular

El trabajo sistemático de ciencia y miles de horas en el laboratorio con un gran equipo de colaboradores, se amplió para la doctora Souza: “Cuatro Ciénegas abrió en mí una puerta sensible que yo no sabía que tenía y transformó mi vida y mi cosmovisión completamente. También me presentó chamanas y mujeres maravillosas que me enseñaron a sacar a la bruja sabia que tenía guardada en un clóset de lógica.”


Este universo ecléctico ha sido bien comprendido por la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, que en 2019 la invitara como miembro internacional honorario, en el área de biología evolutiva y de poblaciones y ecología, por su trabajo para “salvar el mundo perdido de Cuatro Ciénegas, en Coahuila”. Así, con su particular cosmovisión, firmó el mismo libro que firmaran Charles Darwin o Albert Einstein.


Para Valeria, miembro del Sistema Nacional de Investigadores de nuestro país: “la ciencia me dio la bola de cristal, pero el motor fue el espíritu”. Y el espíritu es el ánima, el aliento, o para decirlo desde el universo poético, es la voluntad de una alma que habita este cuerpo. Un alma a la que le ha dado por reconectarse con rituales y saberes milenarios donde las fronteras de los conocimientos académicos, ancestrales y comunitarios se mezclan.


Tuve la oportunidad de verla realizar un acto ritual al insertar, desde la orilla, con sus manos, un disco translúcido con figuras geométricas (un metatrón) en una de las pozas de agua de Cuatro Ciénegas, un acto en el que pedía por la sanación del agua. Sobre ese acto dice: “al sanar el agua de Cuatro Ciénegas siento que me sano a mí misma, a mi propia agua sagrada, al igual que al hilo conductor con el agua del cosmos, ya sé que suena loco [pero] todos estamos conectados por medio del agua. Sí, salió la bruja guardada por la puerta del amor, más que del asombro. Un amor infinito y luminoso”.


Es así que una mujer ejerce no solo la ciencia, sino que entrega su cuerpo con toda su biología a este acto, en un ejercicio de lucha que además la enfrenta a criterios forjados en un universo de dominación masculino, en el que para Valeria esta lucha se ha convertido en: “un acertijo, un juego de misterios que se van resolviendo”.

La conservación de las comunidades microbianas de Cuatro Ciénegas tiene entre sus diversos cuidadores, a una mujer de ciencia que decidió interconectar saberes en un trayecto de vida en el que su cuerpo, literalmente está travesado desde el espíritu que ella nombra, hasta el intelecto.


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Los puntos de vista, ideas y opiniones expresados en el texto pertenecen al autor, y no necesariamente a Pronatura Noreste, A.C.


Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila) Poeta y artista visual. Estudió comunicación una maestría en historia contemporánea. Sus trabajos están inspiradas en la naturaleza cercana (desierto y bosque). Sus trabajos recientes tratan sobre la relación entre personas y el agua, y también la interacción entre lo social, lo ético y lo espiritual.

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