• Erika F. Castro Pinet

“Tú, naturaleza… eres lo único que todos tenemos en común”

Y estamos aquí, frente a frente, es imposible que mi presencia pase desapercibida ante ti. Me sientes en cada paso, en cada respiro, conoces mi andar. Cada huella que he dejado en ti, es cada vez es más difícil de borrar, sin embargo, continuas asombrándome cada día, con cada atardecer, pese al daño inmenso que te he provocado, sigues ofreciéndome tu gran plenitud.


Fotografía de Paulina Mata.


Gracias a ti mi mundo es posible, y aunque siempre doy por hecho que el acto de ofrecerme la vida es tu obligación, debo aclarar que es mi responsabilidad absoluta. Incluso al ver que cada día que pasa te deterioras a pasos agigantados, mi nivel de exigencia hacia ti se ha elevado, y me he transformado en un ser tan egoísta que nuestra relación se ha vuelto abusiva. ¡Me declaro culpable! Por exigir sin darte nada a cambio.


Pero hoy, quiero hacer las cosas diferentes, porque las palabras vacías no reconstruyen relaciones, por esta razón vengo ante ti para demostrarte con hechos que te amo, que te valoro y que agradezco todo lo que me das. Reconozco que tú, toda entera, eres mi hogar.


“MI BELLA NATURALEZA, he decidido poner manos a la obra, sé que te he maltratado en demasía, y por ello pelearé porque eres invaluable”.


- ¿No me crees? Lo entiendo, muchas veces he prometido que cambiaré y no lo

hago, pero sabes, recientemente visité tus playas y me provocó una enorme

tristeza verlas llenas de basura.


Fotografía de ecosistema de manglar por Salvador Narváez Torres.


- ¿Qué hice al respecto? Las limpié, recolecté la basura aún cuando no la generé,

porque una persona de mi especie lo hizo e ignorar el problema no lo resuelve,

por el contrario, me convierte en cómplice y responsable. Por cierto, tal vez te

sorprendería saber que no utilicé bloqueador, sé muy bien que eso daña a tus

habitantes marinos.


- ¿Qué cómo iniciaré mi cambio? Claro, es normal que tengas dudas, pero déjame

contarte que recientemente adopté un árbol en la vía pública, lo cuido y lo

mantengo vivo.

También separé mi basura y comencé un huerto en casa, ya tengo muicle, epazote

y cilantro. Por si fuera poco, platiqué con mis sobrinos, ellos son pequeños, tienen

2, 8 y 10 años, pero sé que la educación inicia desde casa y que mientras más

pequeños comiencen a involucrarse y a sentirse responsables de ti, crecerán

amándote y cuidándote como debe ser.


¿Te cuento algo fantástico? Amo como la más pequeña siempre llega a casa, se le

iluminan los ojos y brinca de emoción por salir a regar las plantitas de nuestro

jardín. Ya sabes que vivo en la ciudad y que muchos años ese fue el pretexto

perfecto para no cuidar de ti, pero hoy sé que puedo crear espacios verdes en

lugares pequeños y que tus colores siempre alegran mis días tristes. Tal vez lo

llames locura, pero platico con mi lavanda, es liberador conectar contigo a través

de ella.


Es increíble ver cuando la mayor de ellos genera su composta y junta las botellas

de plástico para reutilizarlas.

Y qué decirte de mi sobrino de 8 años, no hay día que no venga a visitarme y

quiera sentir las plantas cerca de él para completar su escenario de juegos.


Es imprescindible que observes mi sinceridad y que sepas que en esta ocasión no

miento, hay muchas cosas que individualmente podemos hacer para salvarte. Te

prometo que sin importar en la zona en la que viva, llámese ciudad, campo o

departamento pequeño, siempre buscaré la forma de darte un respiro, de

protegerte y contribuir con las maravillas que me regalas, prometo impulsar a las

personas a mi alrededor para que volteen y se detengan a verte.


Fotografía de zona semiárida del noreste de México por Diana González Aguilar.


Hay una frase que me congela:Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras los seres humanos la ignoramos”, y es que solo es necesario concientizar que cada alimento que llevamos a la boca proviene de ti, que cada bocanada de aire en los pulmones eres tú, transformada. Tan certera es la frase que alguna vez leí: “Tú, naturaleza, tú, medio ambiente, eres lo único que todos tenemos en común”.

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el 28 de octubre de 1982, la Carta Mundial de la Naturaleza, con el objetivo de adoptar principios adecuados de respeto a la naturaleza a nivel nacional e internacional; individual y colectivo; y público y privado.


A grandes rasgos, los principios son:


1. Respetar la naturaleza y no perturbar sus procesos esenciales.

Fotografía en la Serranía del Burro, Coahuila, México, por Jonathan Sánchez.


2. No se amenazará la viabilidad genética de la tierra; la población de todas las especies, silvestres y domesticadas, se mantendrá a un nivel por lo menos suficiente para garantizar su supervivencia; asimismo, se salvaguardarán los hábitats necesarios para este fin.


Fotografía del ecosistema del estado de Chihuahua, México, por David Borré González.


3. Estos principios de conservación se aplicarán a todas las partes de la superficie terrestre, tanto en la tierra como en el mar; se concederá protección especial a aquellas de carácter singular, a los ejemplares representativos de todos los diferentes tipos de ecosistemas y a los hábitats de las especies o en peligro.


Fotografía de la protección de loros en Tamaulipas, México, por Carlos Barriga Vallejo.


4. Los ecosistemas y los organismos, así como los recursos terrestres, marinos y atmosféricos que son utilizados por el hombre, se administrarán de manera tal de lograr y mantener su productividad óptima y continua sin por ello poner en peligro la integridad de los otros ecosistemas y especies con los que coexistan.


5. Se protegerá a la naturaleza de la destrucción que causan las guerras u otros actos de hostilidad.


Te invitamos a compartir esta información y a invitar a las personas que te rodean a cuidar y proteger a la naturaleza, pues ella es la responsable de regalarnos la asombrosa diversidad que nos rodea.


Fuente: SEMARNAT



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